En todo el mundo, la mayor parte de las aguas residuales no se recoge ni se somete a ningún tratamiento. La cifra llega a ser escalofriante: el 80 % de las “aguas negras” se devuelven al medioambiente directamente, sin haber sido procesadas. Esto se debe, aún hoy, a que en muchos casos son vistas como una “carga” de la que hay que deshacerse. Una percepción que dista de la realidad: las aguas residuales son un recurso valioso del que pueden recuperarse varios elementos, como agua limpia, energía y nutrientes

Así lo remarcó el Banco Mundial en el informe Wastewater: From Waste to Resource (Aguas residuales: De residuo a recurso), publicado en el marco del Día Mundial del Agua, celebrado el 22 de marzo. Aunque la iniciativa de dicho informe se centra en la región de Latinoamérica y el Caribe (donde sólo se trata entre el 30 % y el 40 % del agua residual recolectada), las soluciones que estudia y las conclusiones que se extraen de él pueden aplicarse a nivel global. Y es que el 36% de la población mundial vive en regiones donde el agua es un bien escaso. Por eso, el Tratamiento de las Aguas Residuales para su reutilización se presenta como “parte de la solución a los problemas de escasez y contaminación de las aguas”, tal y como apunta la directora global de la Práctica Global de Agua del Banco Mundial, Jennifer Sara, a raíz del informe. 
 

El doble valor del Tratamiento de las Aguas

El informe de la organización analiza distintas experiencias, como la llevada a cabo en una central eléctrica de México en la que el uso aguas residuales tratadas en lugar de aguas subterráneas supuso un ahorro del 33% de los costos de agua. Otro de los ejemplos expuestos lo protagoniza la planta de tratamiento de aguas residuales de La Farfana (Santiago de Chile), en la que se llevó a cabo una inversión de 2,7 millones de dólares para instalar la infraestructura necesaria y que permitió al operador de la planta vender el biogás producido, con una ganancia neta anual de 1 millón de dólares.

A través de éstos y otros casos, el Banco Mundial pone en relieve el doble valor del tratamiento de las aguas residuales. Deja patente que, además de los beneficios medioambientales y para la salud, puede ofrecer beneficios económicos al reutilizarse en distintos sectores. La clave está en que – como se lee en el documento – sus productos derivados (nutrientes, biogás…) pueden aplicarse a la agricultura y utilizarse para la generación de energía. A la vez, los ingresos adicionales que se obtengan de este proceso pueden ayudar a cubrir costos operativos y de mantenimiento de los servicios públicos de aguas.
 

El papel de los gobiernos en el cambio

En definitiva, estas prácticas apuntan al principio fundamental del sistema de economía circular, que busca minimizar al máximo los residuos y aprovechar al máximo los recursos. El informe brinda una pequeña muestra de lo que podría lograrse si los gobiernos de todos los niveles aplicaran los principios de este sistema a sus problemas de aguas residuales y, de hecho, se les insta a tomar medidas para gestionar las aguas residuales de una manera más inteligente. En este sentido, recomienda que las intervenciones para la gestión de aguas residuales “se incluyan en la planificación de cuencas, y que eso vaya acompañado por políticas, instituciones y regulaciones que promuevan este cambio de paradigma”. Y añade que las plantas de tratamiento de aguas residuales “deben, gradualmente, reutilizarse como plantas de recuperación de recursos, y al mismo tiempo analizar y apoyar modelos financieros y de negocio innovadores y sostenibles, que aprovechen los posibles flujos de ingresos que pueden obtenerse de la recuperación de recursos a partir de las aguas residuales”.

Según declara el autor del informe y especialista sénior en gestión de recursos hídricos del Banco Mundial, Diego Juan Rodríguez, “en muchos países, las políticas sobre aguas residuales ya incluyen su reutilización y la recuperación de recursos”, pero, como transmite ese 80% de aguas residuales sin tratar mencionado en el inicio de este mismo artículo, aún queda mucho por hacer. 

Justamente, la situación a la que ha llevado la crisis sanitaria provocada por la pandemia del COVID-19 en la actualidad, ha puesto en relieve la importancia de contar con un sólido sistema de servicios esenciales, entre ellos, el del agua y saneamiento. Quizás la realidad innegable, apoyada por los hechos y datos recogidos en informes como este último del Banco Mundial, acaban llevando a la acción a aquellos países que permanecen aún al margen.  
 
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